Not Only SQL

NoSQL, no sólo SQL

Durante décadas, el mundo de las bases de datos estuvo dominado por un único paradigma: el modelo relacional. SQL era la herramienta indiscutible para almacenar, consultar y estructurar información. Las reglas estaban claras, las ACID mandaban y las tablas reinaban. Todo muy ordenado… quizá demasiado ordenado para lo que se venía encima.

Un poco de historia (y un nombre que se adelantó a su tiempo)

Aunque mucha gente piensa que “NoSQL” es un invento reciente, la etiqueta apareció por primera vez allá por 1998, cuando Carlo Strozzi utilizó ese nombre para describir su sistema de bases de datos sin SQL, minimalista y basado en shell. Curiosamente, ese primer contacto con “NoSQL” tenía un sentido literal: “no SQL en absoluto”.

La segunda vida del término llegó en 2009, cuando Eric Evans y Johan Oskarsson organizaron un meetup en San Francisco para hablar de bases de datos distribuidas, escalables y diseñadas para un nuevo mundo lleno de datos no estructurados. En este renacimiento, la comunidad reinterpretó el acrónimo como “Not Only SQL”, que es la versión que ha sobrevivido. Y con razón: ya no se trataba de rechazar SQL, sino de ampliarlo.

Tip técnico: Cuando leas un paper y alguien diga que “NoSQL es lo contrario del modelo relacional”, sospecha. NoSQL no niega el SQL: lo complementa. De hecho, muchos motores NoSQL implementan lenguajes de consulta inspirados en SQL.

¿Qué problema venía a resolver?

La explosión de datos a principios de los 2000 —redes sociales, recomendaciones, sensores, logs infinitos— dejó claro que el modelo relacional tenía un límite natural en escalado horizontal. ¿Sharding? Difícil. ¿Data models con estructura cambiante? Muy forzados. ¿Decenas de millones de escrituras por segundo? Mejor ni hablar.

Entró en escena NoSQL, ofreciendo:

  • Escalado horizontal real, no solo replicas de lectura.

  • Esquemas flexibles, donde cada registro puede tener forma distinta.

  • Altas tasas de escritura y lectura por encima de lo razonable en SQL tradicional.

  • Distribución nativa como filosofía, no como parche.

Tip técnico: Si tu sistema crece antes que tu arquitectura, prepárate para sufrir. NoSQL nació literalmente para evitar ese sufrimiento.

Las familias de NoSQL

Decir “NoSQL” es casi tan impreciso como decir “lenguajes de programación que no son Python”. Lo interesante de este mundo es su diversidad. Aquí entran varias familias, cada una optimizada para un tipo de problema.

Bases de datos clave–valor

El equivalente digital a un diccionario en Python. Clave → valor y a correr.
Ejemplos: Redis, DynamoDB.
Perfectas para cachés, sesiones y datos que no necesitan estructura sofisticada.

Tip técnico: Si tu aplicación hace demasiados lookups repetitivos en SQL, un Redis bien usado te puede ahorrar servidores y disgustos.

Bases de datos orientadas a documentos

Aquí cada registro es un documento (generalmente JSON) con su propia estructura. Ideal para APIs, datos semiestructurados, y microservicios.
Ejemplos: MongoDB, CouchDB.

Bases de datos de grafos

Cuando las relaciones son el centro del universo, el grafo manda. No hay JOIN que compita con un buen motor de grafos para analizar redes, rutas, o modelos de recomendación.
Ejemplos: Neo4j, ArangoDB.

Tip técnico: Si necesitas calcular «el amigo del amigo del amigo» sin llorar, usa grafos. No fuerces SQL a hacer acrobacias.

Bases de datos de columnas (columnar stores)

Diseñadas para lecturas analíticas masivas. En vez de guardar filas enteras, almacenan columnas completas, lo que acelera búsquedas por atributos.
Ejemplos: Cassandra, HBase.

Bases de datos de series temporales

Optimizadas para escrituras secuenciales y queries por fecha.
Ejemplos: InfluxDB, TimescaleDB.

¿Y dónde queda SQL en todo esto?

En pleno 2025, lo que domina es la convivencia. Muchas arquitecturas modernas combinan:

  • SQL para datos estructurados y transacciones.

  • NoSQL para velocidad, flexibilidad y escalado.

  • Caches clave–valor como turbo para consultas críticas.

  • Grafos para relaciones complejas.

  • Almacenes columnar para analítica.

La moraleja es sencilla: ningún tipo de base de datos es “mejor” que otro. El arte está en elegir la herramienta adecuada para el problema adecuado. Y si se combinan bien, se pueden construir sistemas que antes eran impensables.

Tip final: Piensa en bases de datos como en microservicios: especializar no es dividir porque sí, es optimizar donde importa.

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